SINOPSIS

Soy colombiana. Llegué a Antofagasta, capital minera de Chile, igual que todos, buscando vivir ese “sueño chileno” del que tanto se habla. Pero el choque con la cultura local no se hizo esperar. Mi primer hijo nació allí. En Octubre de 2013 tuvo lugar una marcha contra los inmigrantes y florecieron múltiples grafitis xenófobos ante la impávida mirada de los carabineros. Tuve miedo.

En 2014, los violentos comentarios en la calle, los taxis y el trabajo hicieron que la situación se tornara asfixiante.

Ahora, he reunido fuerzas y he decidido contar mi experiencia viviendo en esta ciudad. Intento dilucidar por qué tememos los colombianos que vivimos en Antofagasta. Yo llevo más de quince años viviendo fuera de mi país en diferentes partes del mundo. Sin embargo, antes de llegar al norte de Chile, nunca había sufrido un rechazo tan manifiesto por la simple razón de ser colombiana. Aquí no hay disimulo, ni vergüenza al reproche social.

Intento entonces entender esta situación de la mano de Carmenza y Rafaela, dos mujeres colombianas que luchan con tesón por forjarse un futuro en tierras nortinas. En mis encuentros cotidianos con ellas, busco cuestionar la manera en que esa mirada de los otros cambia nuestra manera de mirarnos a nosotras mismas. Juntas reflexionamos sobre cómo ese miedo genera un desencuentro y nosotras, las inmigrantes colombianas, nos vemos forzadas a reconducir nuestra vida por ello.

Los inmigrantes somos quizás quienes mejor vemos el verdadero rostro de Antofagasta, icono del éxito del neoliberalismo chileno. Una ciudad donde la mayoría de la población no sabe de qué se trata la prosperidad minera. Así, busco evidenciar su modelo de desarrollo desigual, contra el que los colombianos venimos a chocarnos.

Existe, para mí, un paralelismo entre los personajes y Antofagasta, que busco construir en filigrana a lo largo del filme. La expoliación de esta ciudad por parte de las grandes empresas mineras se asemeja extrañamente a nuestras historias de migración. Este rechazo nos despoja de nuestra identidad, para convertirnos en ese Otro, un inmigrante, una especie de máscara vacía que los chilenos quieren moldear a la medida de sus propios miedos y fantasmas.