TEMA

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“Sueños en el Desierto” es un documental que explora una problemática ampliamente discutida: la inmigración. Sin embargo lo hace con un relato en primera persona, ya que, la directora explora su propia experiencia como colombiana viviendo en esa ciudad, junto a la historia migratoria de dos mujeres colombianas más.

El rodaje se realizó enteramente en la ciudad de Antofagasta, Norte de Chile, donde residen alrededor de 18.000 inmigrantes colombianos, según datos del Consulado de Colombia en Antofagasta de 2017, atraídos seguramente por un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de 23.000 dólares estadounidenses (tasa nominal del año 2013), que casi triplica el de Colombia.

Estos migrantes provienen en su mayoría de la zona suroccidente de Colombia, con una alta presencia de población afrodescendiente, que es recibida con marcadas expresiones de racismo.

Para comprender este fenómeno, es necesario revisar los fundamentos sobre los que se construyó la nacionalidad chilena; una idea de nación donde se excluye al “indio” y al “negro” para construir un sí mismo blanco. De este modo, la categoría de raza chilena sería una ficción, que ha creado una imagen en la cabeza de los chilenos con rasgos biológicos, síquicos o culturales escritos por historiadores y políticos. Su verdad por lo tanto, no depende de un referente objetivo sino de la emocionalidad que subyace a él.

Ese Otro “indio” o “negro” es percibido por los chilenos a través de estereotipos, que operan como una imagen que designa ciertas características, y que es la que orienta el trato que se le da a estas personas.

Adicionalmente, existe una operación de jerarquización y clasificación, que implica la estigmatización de personas de países específicos. Se habla entonces del inmigrante colombiano, peruano y dominicano, pero se habla del extranjero argentino o español. Los inmigrantes son considerados peligrosos, mientras que a los extranjeros se les trata con reverencia. Esta jerarquización funciona entre los mismos colombianos, que se clasifican según la oscuridad de su piel. Éstos, para sentirse aceptados, se auto imponen máscaras, asumiendo o exagerando actitudes y valores apreciados por la cultura chilena, como el consumismo.

Por último, hay que señalar que el contacto entre el extranjero y el lugareño es para ambos atemorizante. El Otro extranjero aparece como un desconocido de naturaleza insondable. Además, constituye una amenaza hacia las propias convicciones, hacia el propio modo de vivir. Por su parte, el extranjero teme a que sea necesario esconder o reprimir su cultura de origen. Esta violencia cultural se ejerce con la finalidad de que el sujeto asimile la cultura del lugar al que llega (anulación por homogenización).

Ante ese miedo al Otro, la identidad del migrante se transforma, se moldea; su imagen propia se transforma, autoimponiéndose máscaras. En el documental se busca visibilizar igualmente las fortalezas adquiridas y otros “costos” emocionales de la experiencia migratoria.

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